Decir que en DP estamos obsesionados con la minimización del riesgo -- hacia nosotros mismos, hacia nuestros clientes, hacia nuestros empleados--podría ser subestimado.
Sin embargo, creemos firmemente que la ley de Murphy siempre conlleva algo de verdad -- y que Murphy puede también ser esquivado a través de una paranoia implacable que se traduzca en una acción preferencial e inteligente.
Hemos generado nuestras propias metodologías y técnicas para la minimización del riesgo, y las seguimos rigurosamente.
Aquí detallamos algunos elementos que permiten que DP se acerque a la minimización del riesgo:
- Cuando comenzamos cualquier proyecto, lo primero que nos preguntamos es: "¿Cuáles son las diez circunstancias más probables en las cuales este proyecto puede fallar?"; a partir las 10 posibles circunstancias encontradas generamos un plan preferencial para cada una de ellas.
- En cada fase del proyecto, alineamos todos los riesgos en orden de importancia (definimos importancia como severidad*probabilidad) y solucionamos, cada vez, el riesgo más importante. Cada participante del equipo prioriza constantemente su tiempo en base a los cambios circunstanciales, lógicos en cualquier proyecto.
- Los miembros de nuestros variados equipos de trabajo hablan constantemente entre sí, tanto de manera formal como informal, sobre los diversos proyectos en los que participan y las dificultades que se presentan, ya que una conversación abierta y fluida nos ayuda a apropiarnos de los problemas. Animamos calurosamente la comunicación abierta entre nosotros mismos.
- Probamos todo; medimos todo lo que se pueda medir y generamos estadísticas para todo. Vivimos y somos concientes del ciclo prueba-error, lo que nos permite saber qué hacer ante cada obstáculo, y logramos de esta manera que ellos sean cada vez más pequeños.
- Nunca adquirimos proyectos que nos sobrepasen; en cambio, desarmamos proyectos complejos en otros más pequeños, haciendo que cada nueva fase se afiance sobre un buen término de la fase anterior. Esto nos permite conocer al cliente y que el cliente nos conozca y pruebe.
- Además, hacemos lo mismo con cada pequeña fase de un proyecto: en lugar de construir algo 'perfecto' y luego de ello mostrarlo al cliente, construimos cada eslabón del proyecto de forma rápida y sencilla, dando la posibilidad al cliente de evaluar y permitir su reformulación si fuera necesario. De esta manera, podemos estar seguros que estamos creando lo que el cliente tiene en mente. Así, podemos tener, además, una respuesta rápida y constante.
- Jamás empleamos programadores o diseñadores no comprobados; de hecho, siempre probamos a nuevos desarrolladores con proyectos internos que nos permiten asegurarnos de que su forma y calidad de trabajo son compatibles con las nuestras.
- Si por alguna razón fuera de nuestro alcance, algún horario pautado se retrasa levemente, somos alcanzados por una paranoia monomaniática.
- Empleamos únicamente a gente que, como nosotros, también se obsesiona con la minimización del riesgo.
- Mantenemos una comunicación constante y abierta con el cliente, de manera que él siempre está informado sobre cualquier circunstancia que genere un retraso o problema; y a partir de ello, pueda ayudarnos a dar prioridad a nuestros recursos y asegurarse así que nuestras prioridades son iguales a las suyas.
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